| Adiestramiento científico | ||
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Hoy por hoy, la formación canina es más una ciencia que unas simples pautas para conseguir un objetivo fijo. Existe una gran diversidad de metodologías disponibles que hacen posible que casi cada perro tenga la suya propia. Si además tenemos en cuenta la hibridación de dichas metodologías, nos encontraremos manejando una cantidad enorme de formas de trabajar, las cuales habrá que estudiar en profundidad y relacionar con cada tipo concreto de perro. Tan es así, que el adiestramiento casi se ha convertido a partes iguales en un trabajo de campo y de laboratorio. El uso del método científico debe ser una constante, tanto para la resolución de problemas como para la elección del camino formativo a seguir. Dentro del adiestramiento científico podemos diferenciar dos grandes campos.
Es el que se encarga de poner remedio a los problemas de conducta. Generalmente se aplica al perro de casa. Como perro de casa entenderemos al ejemplar propiedad de una persona sin conocimientos, unas veces fruto de un cruce sin ningún tipo de selección y otras apartado de los planes de cría por motivos diversos. Estos perros tienden a presentar patologías que van desde una simple ansiedad por separación hasta toda la complejidad de la hiperquinesis o la emocionalidad. Este campo también ocupa los problemas que presentan los perros de alto rendimiento a lo largo del periodo formativo, pequeñas “pegas” que enturbiarían el resultado final de no ponerles solución (nerviosismo, falta de concentración, desmotivación, etc.). Según el origen del problema, podemos dividir este campo en tres subgrupos:
Es el encargado de obtener perros para tareas de alto rendimiento (rescate, antidrogas, antiexplosivos, asistencia, deportivo, etc). La mayoría de las veces, el trabajo se hace en base a perros seleccionados y cribados, además de criados en un ambiente óptimo desde la más tierna infancia para el desarrollo de dicha actividad, tanto que en algunos casos estos ejemplares sólo se sienten seguros dentro del lugar de trabajo, ya que saben lo que pueden esperar. No pretende cambiar la forma de ser del perro, al contrario que en el caso anterior, sólo pretende sacar el máximo partido a cualidades que mostraba desde cachorro. En este caso, las diferencias metodológicas vendrán determinadas por la forma de aplicar el refuerzo, que a su vez variará en función del resultado final que estemos buscando.
En esta forma de entender el adiestramiento, el adiestrador es una figura dinámica, activa, resolutiva, voluble y siempre abierta a nuevos conocimientos. Deberá intentar dominar todas las especialidades del trabajo canino y ser capaz de aplicar distintos tipos de métodos, aunque no estén agrupados en esa especialidad, en función del tipo de perro que esté trabajando. Usará el método científico para seleccionar la forma más correcta de desenvolver la instrucción para un perro determinado, de modo que optimizará el resultado final. Estudiará en profundidad tanto todo lo relacionado con el adiestramiento como las demás ciencias que tengan que ver y puedan ayudar en el trabajo diario (etología, psicología del aprendizaje, psicología humana, veterinaria, genética, etc), de modo que tenga nociones básicas y se pueda valer de ellas y usarlas para ser mejor profesional. No dudará en pedir ayuda a otros profesionales si la situación lo requiriera, tanto adiestradores como expertos en otros campos (veterinario, etólogo, psicólogo), de hecho, el adiestrador excelente estará velado por estos profesionales continuamente, de modo que le asesoren a la más mínima duda. Concluyendo, el adiestramiento debe ser un proceso dinámico que se ajuste a la perfección a cada caso y que sea llevado por un profesional cualificado y con conocimientos suficientes para superar todas las dificultades que pudieran surgir paralelas al adiestramiento.
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